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Natación, saltos ornamentales, golf,
caminata, montañismo, boxeo, ping-pong,
tenis, fútbol, ajedrez, rugby, motociclismo,
bicicleta, campamentismo, aviación,
navegación, tiro, pesca, patín, hipismo,
béisbol y básquetbol. ¿Se pueden realizar
todas estas actividades en una sola vida?
Sí, se puede. Porque Ernesto Guevara Serna,
el Che, se desempeñó con mucha tenacidad y
esfuerzo en cada una de ellas. En su
infancia, en su adolescencia y también en su
adultez.
La relación entre el deporte y Guevara fue
muy estrecha. Casi como un romance
incondicional. Por necesidad, por placer y,
sobre todo, por convicción. Como en sus
inocentes dos años , cuando se descubrió que
padecía de asma. O en su adolescencia
rebelde, en la que conseguía todo lo que se
proponía. O en la madurez , cuando utilizó
al deporte como herramienta de su andar.
En 1928 nació Ernestito, hijo de Ernesto
Guevara Lynch y Celia de la Serna, en
Rosario, Santa Fe. Una familia nómade.
Cuenta la historia. De Misiones a Buenos
Aires; de allí a Córdoba; y de pueblo en
pueblo en la provincia de las sierras. De
padres deportistas, amantes del campo y de
la vida en la naturaleza, se crió en plena
actividad de su madre como nadadora.
Porteño, el pequeño Ernestito tuvo un ataque
gravísimo a los dos años. Era asmático y el
doctor recetó actividad física para el niño.
A los cinco, ya había aprendido a nadar con
mucha habilidad y coordinación. En esa
época, la familia Guevara se había instalado
en Alta Gracia, Córdoba, adonde se habían
trasladado para que su hijo respirara aire
fresco y así apañar la enfermedad que dañaba
sus pulmones.
Con Ernesto ya crecido, las caminatas por
las Sierras cordobesas eran un pasatiempo
ideal. Y con los cerros al alcance de la
mano, el alpinismo fue sencillo en el futuro
que se le avecinaba al joven Guevara. Tras
asistir a un circo, en donde un grupo de
acróbatas realizaba una verdadera proeza que
consistía en zambullirse desde una altura
exagerada en un estanque de no más de un
metro y medio, quedó embelesado por los
saltos ornamentales . Y en los arroyos
improvisaba piruetas para las carcajadas de
sus amigos. Nunca desarrolló un instinto
temerario. Lo tenía incorporado, era innato,
algo bien suyo. Además de la natación se
interesó por el golf. Vivía muy cerca del
campo de la ciudad y hasta fue caddie. "
Ernestito llegó a ser un excelente jugador
de golf ", escribió alguna vez su padre,
textual que se puede leer en el libro La
Patria Deportista, del periodista Ariel
Scher.
Las historias del Chancho, ya conocido como
el Pelado en sus primeros años de la escuela
primaria, con el deporte se suceden una a
otra. Es que el gusto por la práctica de
Ernesto era apasionada.
Aprendió a jugar al ajedrez y se desempeñaba
como arquero en los partidos de fútbol de su
escuela. El fútbol fue uno de sus amoríos .
Fanático hincha de Rosario Central, a pesar
de no haber ido nunca a verlo. "Cuando
descubrió la existencia de Rosario Central,
un club de la ciudad donde él había nacido,
adhirió fervorosamente a su divisa. A partir
de ese instante le encantó que le
preguntaran '¿De qué cuadro sos?', porque le
daba la oportunidad de responder con cierta
altivez: 'De Rosario, de Rosario Central .
Yo soy rosarino'. No tenía la menor idea
sobre esa ciudad ni había visto jamás a su
equipo, pero él era rosarino y defendía su
identidad...", escribió Hugo Gambini,
biógrafo, en su libro El Che Guevara los
inicios de la relación de Ernesto Guevara
con el fútbol.
Sin embargo, no hay dudas de que el rugby
fue la actividad a la que más se dedicó. Al
conocer a los hermanos Granados, en Córdoba,
el Pelado pasó a ser apodado Fuser . No sólo
en eso cambió Guevara sino que de esa manera
se formó como hombre. Alberto, el mayor de
los Granados, era entrenador en el club
Estudiantes y fue el que le enseñó a jugar.
"Mirá, Pelado - le dijo Granados -, acá el
examen de ingreso consiste en saltar por
arriba de un palo y caer con el hombro. Los
que vienen al rugby para hacer pinta no se
animan. Los que quieren jugar pasan la
prueba. Ahora te toca a vos. Si no le digo
basta, todavía se está tirando". El textual
es de Alberto, según escribe Rubén Ayala en
Días de Rugby.
Con esa garra para el rugby su apodó poco
tardó en ser Furibundo Serna, luego
economizado a Fuser. Pasó por el club
Estudiantes de Córdoba y luego a Buenos
Aires. Se inscribió en el SIC y su padre
quiso impedir que siguiera practicando un
deporte demasiado rudo para un niño con
asma. "Viejo, me gusta el rugby. Y aunque
reviente lo voy a seguir practicando",
explicó el entonces Ernestito y continuó su
carrera como rugbier en Yporá para pasar
luego a Atalaya. "Guevara jugó, y yo lo vi,
en Yporá, un equipo que jugaba los
campeonatos de la Liga Católica. Lo de
Atalaya fue un poco posterior. El era inside,
pero el dato más llamativo tenía que ver con
su aspecto cuando jugaba. En esa época, los
delanteros de segunda y tercera línea usaban
orejeras como protección. Los tres cuartos,
en cambio, jamás se las ponían, no lo
necesitaban. Conocí un sólo tres cuartos que
usaba orejeras. Era Guevara...", las
declaraciones son del periodista Diego
Bonadeo, gran conocedor de la historia del
rugby.
Ernesto Guevara jugó al rugby desde los 14
hasta los 23 años. Pero además lo inició
como periodista. Fue el fundador de la
revista Tackle , la tercera especializada en
el deporte. Posteriormente el trío
deporte-Guevara-periodismo funcionaría a la
perfección. En 1955 consiguió trabajo en
Agencia Latina y cubrió los Juegos
Panamericanos de México. Pero ya para esa
época el deporte cumplía otro rol en la vida
del emergente Che. En 1951 realizó su primer
viaje importante. Recorrió Salta, Jujuy,
Tucumán, Santiago del Estero, Chaco,
Formosa, Catamarca, La Rioja, San Juan,
Mendoza, San Luis y Córdoba. Eso le valió
una aparición en El Gráfico promocionando la
"excelente calidad" del motor de la
motocicleta en la que había se había montado
por más de 4.000 kilómetros. Pero marcó un
cambio en la vida deportiva. Ya su habilidad
física le servía para atravesar Sudamérica
de punta a punta . Con un partido de fútbol
se hizo amigo de unos muchachos en Bolivia,
con el básquetbol entabló relaciones con
unos militares peruanos; también navegó por
el Río Amazonas. El deporte se había
convertido en supervivencia y había dejado
de ser una necesidad lúdica. " El ajedrez es
un educador del raciocinio ", declaró ya
como Comandante.
El repaso de la vida del Che con el deporte
es extensa. Seguramente una opción más para
poder descubrir una historia. La historia .
La de Argentina, la de Cuba, la de
Latinoamérica y la del mundo. La diferencia
entre el juego y el deporte son las reglas.
Y para triunfar en el deporte también hay
que ser revolucionario
.
FUENTE: Clarin.com |