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La historia de los grandes
cracks argentinos lo tiene injustamente
olvidado. Sin embargo, la magia de Tomás
Felipe Carlovich revive día a día en
Rosario. La leyenda dice que su habilidad
para tirar caños era insuperable, que la
calidad ese número cinco era tan grande como
su poco afecto a las prácticas, que pudo ser
una de las más brillantes estrellas de este
fútbol y que fue mejor que Diego Armando
Maradona.
Los 56 años de Carlovich llegaron con
algunos problemas. El año pasado le
implantaron una prótesis en la cadera
derecha por una osteoporosis y Tomás Felipe,
que tiene una pensión de 150 pesos, necesitó
de la ayuda económica de periodistas,
fanáticos y amigos para encararla.
El mayor recuerdo sobre el “Trinche” se
remonta al 17 de abril de 1974 en encuentro
entre un combinado rosarino y la Selección
argentina. Aquella noche, Carlovich le dio
un tremendo baile al equipo nacional, que se
preparaba para jugar el Mundial de Alemania.
Nadie de los presentes podrá olvidar lo que
Tomás Felipe hizo en la cancha,
ridiculizando a un rival.
"Tiré un caño y cuando el defensor se dio
vuelta le tiré otro. Lo hacia seguido,
aunque ese día la cancha se venía abajo. Fue
la única vez que se abrazaban los de Newell''s
y los de Central", días atrás al diario
deportivo Olé. "Creo que el primer tiempo
terminó 3 a 0 a favor nuestro. Y la gente
coronó los 45 minutos iniciales con un
aplauso que me quedó grabado a fuego. El
resultado final fue 3 a 1", confió.
El “Trinche” debutó en Primera División con
la camiseta de Rosario Central, aunque sólo
jugó un partido. Cuando se fue de Arroyito,
arrancó en el ascenso, donde pasó por
Flandría hasta llegar a Central Córdoba (“lo
más grande que me dio la vida). En el
“Charrúa”, Carlovich es uno de los ídolos
más amados. “Avisen a los muchachos que esta
noche juega el 'Trinche'”, dicen que se
gritaba por aquellos días.
Central Córdoba fue su hogar; el estadio
Gabino Sosa, la casa que lo albergó y le vio
hacer las mejores y endiabladas travesuras.
Carlovich jugó también en Mendoza. Allí pasó
por Independiente Rivadavia y Deportivo
Maipú, donde dejó un lindo recuerdo. En
Colón de Santa Fe no tuvo suerte: las
lesiones no lo dejaron demostrar su
habilidad. Cuando volvió a Central Córdoba
recién amanecía la década del ochenta. Jugó
seis años hasta retirarse en 1986. En el
medio, consiguió un ascenso a la B.
"La verdad es que yo no tuve otra ambición
más que la de jugar al fútbol. Y, sobre
todo, de no alejarme mucho de mi barrio, de
la casa de mis viejos donde voy casi todas
las tardes, de estar con el Vasco Artola,
uno de mis mejores amigos que me llevó de
chico a jugar en Sporting de Bigand",
aseguró hace poco. Sin embargo, desmiente
todo lo que su rumorea, como que se fue a
pescar cuando Menotti lo llamó a la
Selección. "Se dicen muchas cosas y varias
no son verdad”, aseguró.
José Pekerman dio tiempo atrás la sorpresa:
en su equipo ideal ubicó a Tomás Felipe
Carlovich como el número cinco. Pero el
técnico de la Selección argentino no es el
único que cedió a las buenas artes del
“Trinche”. Son muchos más en el mundo del
fútbol que supieron de su magia. César Luis
Menotti, un rosarino, dice que “Carlovich
fue uno de esos pibes de barrio que, desde
que nacen, tiene como único juguete la
pelota. Era impresionante verlo”. Carlos
Griguol también lo conoció: “Tenía
condiciones técnicas únicas. Al marcarlo, el
tipo desaparecía por cualquier lado y con él
desaparecía el balón”.
Pero
quizás las palabras más increíbles que pueda
haber escuchar el “Trinche" fueron las de
Diego Maradona, el hombre al que todavía
sueña con conocer. Según cuentan las
crónicas, cuando el “Diez” llegó a jugar
a Newell’s, un periodista le confesó el
orgullo por recibir en Rosario “al mejor
jugador”. Pero el “Diez”, rápido como
siempre, contestó: "El mejor jugador ya jugó
en Rosario y es un tal Carlovich". |